La guerra contra Númidia*


La guerra contra Numidia es un evento clave en la historia no solo por ser la primer guerra en la que las legiones romanas se basarían en la reforma de Mario, sino que además dejaría claro el patético estado de la clase senatorial romana tras el asesinato de los Graco.

Un Rey carismático e inteligente como Jugurta, desafiaría a un poderoso Imperio a base de sobornos y tretas. En esta guerra también aparecerán dos de los personajes que definieron y plantearon las condiciones clave que desencadenaron en el final de la era Republicana Romana y su transición al Imperio Romano: Gayo Mario y Lucio Cornelio Sila.

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Masinissa Rey fundador de Numidia y aliado a los Romanos en las guerras Punicas.

Númida era una joven nación establecida por Masinissa, Rey de una tribu de bereberes semitas de costumbres nómadas que logró asentar a su gente en el norte de África abandonando de esta forma el nomadismo.

Tras un largo reinado en el que más notablemente consigue entablar una alianza con los romanos gracias a su asistencia en la guerra contra Cartago, muere dejándole el reino a su hijo Micipsa.

Éste no resultaría ser un Rey tan popular y prominente como su padre, algo que gradualmente lo volvería temeroso a la posibilidad del destrono. Muy a su pesar al mismo tiempo que sus temores comenzaban a crecer uno de sus sobrinos, de nombre Jugurta, se encontraba cautivando al pueblo con su resolución y enfoque práctico. Por lo que, como es de esperarse, el temeroso Rey decidiría sacarlo del medio enviándolo lejos, más precisamente a España.

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En España Jugurta prontamente comienza a entablar fuertes alianzas con los romanos y, en algo que le serviría ampliamente en los años venideros, a estudiar su cultura así como sus estrategias militares y sus debilidades. De hecho es aquí donde encuentra la que sería su arma más efectiva durante el transcurso de la guerra: el soborno. -nota: durante este período Roma sufría una corrupción rampante, la cual sería efectivamente combatida por los próximos hombres de estado, ver artículo de los Hermanos Graco y la Crisis de finales de la República-.

Hermanos Graco

Hermanos Graco

Tras asistir a la guerra y haber probado su valor Jugurta vuelve a su tierra natal con gran honor y prestigio. Ciertamente el exilio extraoficial que había intentado su tío había probado ser un error. Jugurta ahora no solo era un rival carismático, sino que un líder probo y decidido. 

El trono de este país era muy codiciado ya que tras el asentamiento de los bereberes semitas y la destrucción de Cartago Númidia había quedado como la zona más rica de África. Decenas de pueblos florecientes eran el centro comercial de un área rica en recursos y minerales. Por lo que su control era una oportunidad que nadie quería dejar de lado.

Al morir Micipsa en el 118 AC sus descendientes Hiempsal y Adherbal quedan conjuntamente como sucesores, pero una disputa entre Jugurta y Hiempsal termina con éste último asesinado como resultado. Al enterarse Adherbal de lo ocurrido ya era demasiado tarde, Jugurta no solo se había declarado como único líder del reino sino que además se encontraba avanzando con sus tropas. La victoria sería fácil para Jugurta ya que contaba con el apoyo de los soldados, por lo que tras ser derrotado Adherbal no tiene más remedio que escapar hacia las tierras aliadas.

Una vez en territorio Romano solicitaría la ayuda de la República, apoyándose en su alianza, para intentar recuperar el trono. Si bien existe la teoría de un supuesto soborno por parte del rey depuesto la realidad es que Roma vio en este suceso la oportunidad de establecer un estado vasallo. Con el fin de aprovechar la situación el Senado envía entonces comisionados a investigar el conflicto, sin embargo, Jugurta se vale de sus conexiones con las influyentes familias romanas y, gracias a varios sobornos de por medio, logra evitar que se llegue a una resolución favorable a su primo. 
Cayo Salustio Crispo contemporáneo del suceso y testigo de primera mano, en su libro La Guerra de Jugurta, relata con detalle los juegos sucios que Jugurta cometió para asegurarse el poder:

Hallábase Hiempsal en el lugar de Tírmida, y estaba casualmente hospedado en casa de un vecino, que por haber sido lictor de los más allegados de Jugurta era muy estimado y bienquisto de él. A éste, pues (viendo Jugurta que tan favorablemente se le había presentado la suerte), le llenó de promesas y le indujo a que fuese a su casa con pretexto de dar una vista, y procurase falsear las llaves de su entrada, porque las verdaderas se entregaban por las noches a Hiempsal, asegurándole que él vendría en persona con buen número de gente cuando el caso lo pidiese. El númida hizo muy en breve lo que se le había mandado; y según la instrucción que tenía, introdujo de noche en la casa a los soldados de Jugurta, los cuales, derramándose por lo interior de ella, buscan al rey por diversas partes, matan a los que hallan dormidos o se les resisten, registran los escondrijos más ocultos, fuerzan las puertas y lo confunden todo con el ruido y alboroto, cuando en este tiempo fue hallado Hiempsal, que procuraba ocultarse en la choza de una esclava, adonde se había retirado desde el principio, despavorido y sin saber dónde estaba. Los númidas presentan su cabeza a Jugurta, según la orden que tenían.

 

Divulgada en breve la noticia de tan atroz maldad por toda el África, se apoderó un gran miedo de Aderbal y de todos los antiguos vasallos de Micipsa. Divídense en dos bandos los númidas: el mayor número sigue a Aderbal, los más guerreros a Jugurta. Éste arma cuanta más gente puede, agrega a su imperio varias ciudades, unas por fuerza, otras que voluntariamente se le entregan, y en suma resuélvese a hacerse dueño de toda la Numidia. Por otra parte Aderbal, aunque había enviado a Roma sus mensajeros para informar al Senado de la muerte de su hermano y del deplorable estado de sus cosas, con todo eso, confiado en el mayor número de tropas, se apercibía para resistirlo con las armas; pero habiéndose dado batalla y siendo vencido en ella, tuvo que retirarse huyendo al África proconsular, desde donde pasó a Roma.

Los emisarios de Roma acuerdan una separación de territorios entre los dos contendientes y, pensando que habían solucionado el problema, vuelven a Roma inmediatamente sin prestarle mayor atención al asunto. De todas maneras Jugurta sentía que podía ser una figura central en el plano político de la región a causa de su experiencia y conexiones con la aristocracia romana. Razón suficiente como para no preocuparse y romper el acuerdo atacando a su rival con la intención de quedarse con todo el reino para si mismo.

Nuevamente una pequeña delegación es enviada no pudiendo detener a Jugurta quien rápidamente asedia Cirta, la ciudad fortificada que servía de capital a su primo. Cirta no sería una ciudad más del conflicto pasando a ser un ancla que obligaría a Roma vincularse directamente en la guerra ya que en ella residía un gran contingente de soldados y civiles italianos, de los cuales muchos eran ciudadanos romanos.

En un intento de último momento Roma decide enviar a Emilio Escaro -Aemilius Scaurus- para evitar que el conflicto pase a mayores y tratar de detener el ataque final que ciertamente solo lograría agravar las tensiones ya existentes. Sin embargo, el embajador no logra su cometido y para el año 112 AC Cirta cae ante las fuerzas de Jugurta, siendo Adherbal capturado y, según los recuentos históricos, torturado de una manera tan salvaje que minutos antes de su muerte no había parte de su cuerpo que no sangrara.

A estas instancias era claro que Roma debía declararle la guerra a tan insolente reyezuelo, como era visto por la gran mayoría de los romanos. Sospechosamente la decisión no llegaba y la cuestión se dimitía en interminables y tediosas peleas en el Senado. Era obvio que los sobornos estaban jugando a favor del Numida, como también era evidente la patética situación de la política romana. Finalmente la problemática fue insostenible más allá de cualquier soborno y se debe declarar la guerra a Jugurta a pesar de los más fuertes intentos de impedirlo por parte de sus clientes. Emilio Escaro y Calpurnio Bestia son enviados al escenario dirigiendo las tropas en misión proconsular.

Sin embargo, el conflicto no llegaría a mayores y rápidamente se firmaría la paz con Jugurta. Nuevamente el fantasma de la corrupción origina un épico escándalo por toda Roma, a tal punto que uno de los Tribunos de la Plebe, de nombre Memio -Memmius-, pasa una ley con el objetivo de ordenar a uno de los Pretores traer a Jugurta y hacerlo convalecer en Roma con el fin de delatar a los corruptos que recibían su oro, sobretodo Memio deseaba que éste señalase a su contrincante, Escaro, como traidor y corrupto.

Tras arreglar su salvo retorno Jugurta  viaja a Roma y antes de convalecer y señalar a los culpables otro Tribuno, Cayo Bebio, sospechosamente lo veta y le evita delatar a los sobornados dejándolo en libertad de marcharse sin la necesidad de ser interrogado, la impotencia del pueblo fue enorme y sólo podía observar el acontecer enfurecido. Es aquí cuando Jugurta pronuncia la tan precisa frase “Esta ciudad esta a la venta y sólo necesita un comprador”. 

De todas maneras la confianza ganada tras esto lo lleva a cometer un error que le costaría un gran precio. El rey númida decide no irse de Roma con las manos vacias por lo que contrata un conjunto de asesinos para terminar con la vida de su primo. Fallando, éstos son capturados y todo el plot es develado, no antes de que éste zarpara a su país volviendo a escapar de la justicia romana. Esta última jugada le valería una declaración formal de guerra y no habría soborno que le asegurara una nueva paz.

Habiendo concluido Memio y dicho a Jugurta que diese sus descargos, Cayo Bebio, también tribuno de la plebe, que, como se dijo antes, estaba cohechado, mándale callar. Y aunque la muchedumbre que se hallaba presente, en gran manera irritada, le atemorizaba con gritos, con lo airados de sus rostros y muchas veces con ademanes de insultarle y lo demás que suele dictar la ira, prevaleció no obstante eso la desvergüenza, y así el pueblo se retiró burlado de la junta, Y Jugurta, Bestia y los demás a quienes tenía aquella disputa cuidadosos, cobraron grande ánimo.

El énfasis puntual que hacemos sobre la corrupción en el presente artículo es fundamental, ya que esta es la razón única y principal por la que una guerra que debía durar sólo unos meses terminara durando años. Veamos un claro ejemplo de lo hablado en los textos de Crispo donde detalla el nivel de impunidad con la que Jugurta llenaba los bolsillos de los Senadores:

Jugurta entonces, logrado ya su intento, y después que se vio dueño de toda la Numidia, comenzó en su inquietud a reflexionar sobre su hecho y a temer al pueblo romano, sin que hallase en cosa alguna remedio contra su justo enojo, sino en la avaricia de la nobleza y su dinero. Y así, dentro de pocos días envía sus mensajeros a Roma con gran copia de oro y plata y con encargo primeramente de regalar a manos llenas a los amigos antiguos, ganar después a otros y últimamente comprar a fuerza de dones a cuantos más pudiesen, sin detenerse en nada. Luego, pues, que llegaron los mensajeros y según el orden que tenían de su rey, regalaron espléndidamente a sus huéspedes y camaradas y a otros que en aquel tiempo tenían manejo en el Senado; se trocaron las cosas de tal suerte, que en un momento alcanzó Jugurta la gracia y el favor de la nobleza, que antes le aborrecía extremamente; hasta haber muchos, que inducidos por sus promesas o sus dones, visitaban uno a uno a los senadores y se empeñaban en que no se tomase resolución fuerte contra él.

 

Mientras pasaba esto en Roma, los que Bestia había dejado en Numidia con el mando del ejército, cometieron, a ejemplo de su general, muchos y muy enormes excesos. Hubo entre ellos quien, sobornado por Jugurta, le volvió sus elefantes; otros que le vendieron sus desertores, y muchos que hacían robos y correrías en los pueblos con quienes tenlamos paz; tal era la avaricia que como un contagio se había apoderado de los ánimos de todos.

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No habiendo soborno que puediese evitar esta vez una acción militar a gran escala Roma declara la guerra a Jugurta en el 110 AC por lo que un gran contingente militar zarpa con rumbo a África al mando de Postumius Albinus, quien tras una serie de problemas personales, de los cuales Salustio Crispo alega soborno, deja el mando a su hermano Aulo -Aulus- como Propetor.

Aulo de poca experiencia militar era victima de todas las trampas y estrategias de Jugurta. Es entonces que confiado de tener exito el inexperto general decide asediar un pueblo númida de medianas dimensiones, para darse cuenta prontamente de su gravisimo error ya que mientras preparaba el sitio tropas al mando de Jugurta rodearon su campamento y gracias a la ayuda del soborno lograron penetrar sus defensas, aclara Crispo:

En esto una cohorte de ligures, del número de los que se dijo estaban cohechados, juntamente con dos escuadrones de caballos traces y algunos soldados de poca cuenta, pásanse al rey, y el centurión de la primera columna de la legión tercera da entrada franca a los enemigos por un puesto fortificado, cuya defensa estaba a su cargo, por donde los númidas rompieron de tropel

Vencido Aulo, y tras aceptar un gran soborno, hace pasar a sus tropas bajo el yugo de la deshonra y abandona la campania volviendo a Italia siendo a la vez dueño de una sospechosa nueva fortuna. Como es lógico de esperar la noticia cae como una bomba no solo en el Senado sino en toda Roma, la corrupción rampante se hacía cada vez más vergonzosa y el pueblo romano comenzaba seriamente a buscar a alguien que depure a los corruptos.

Como si ya la situación no fuera lo suficientemente problemática a la par de estos eventos hordas de Cimbros y Teutones germánicos comenzaban a bajar desde Iliria y la parte baja de las Galias, arrasando con todas las defensas romanas a su paso (109AC). Con esta gran amenaza del norte y la evidente crisis en el ejército y el gobierno que se veía en el sur la situación pasaba de ser un mero contratiempo tedioso a convertirse en un problema que ponía a la misma Urbe en peligro.

Una junta de caballeros es reunida para debatir la situación y es entonces que el Senado en el 109 AC decide enviar a Quinto Cecilio Metelo, un hombre honesto y probo de prestigiosa familia, a finalizar de una vez por todas con el conflicto. Si bien Metelo no era fácil de sobornar la situación no parecía cambiar demasiado. Dos años habían pasado desde la toma de control por parte de éste y Roma jugaba un rol pasivo sin llegar a un aparente punto de quiebre que lograse de una vez por todas someter a Jugurta.

En parte la estrategia de Metelo no era mala, esta buscaba deshabilitar las líneas de suministro de los númidas secándolos de recursos gradualmente y obligándolos a deponer las armas, pero gracias al combate a modo de guerra de “guerrilla” que llevaba a cabo Jugurta y al desgaste popular que existía en Roma a causa de la innecesaria prolongación del conflicto, el letargo al Cónsul romano no le jugaba a su favor.

Desde las filas más bajas del ejército el Legado de Metelo, de nombre Gayo Mario, comenzaba a ganar popularidad entre las tropas y los comerciantes. Mario no solo era un excelente general sino que a además era un hombre honesto y de costumbres simples que provenía de la pequeña colonia de Arpinum.

Así mismo el mayor punto a favor con respecto al apoyo del pueblo era el que Mario formaba parte de los Populares, el partido político de los asesinados hermanos Graco, que tenía como objetivo el darle mayor poder al pueblo y terminar con la corrupción, mismo partido al que dentro de medio siglo Julio César llevará al poder total depurando a casi toda la lína Senatorial Optimate de la actualidad.

ntrado el año 107 AC un recientemente formado partido marianista había introducido esperanza en el pueblo bajo el nombre de Gayo Mario, razón por la que no es de extrañar que éste fuese elegido como Consúl. Mario no defraudaría al pueblo, y esto queda marcado en el hecho de que luego fuera elegido Consúl otras seis veces.

Debido a que presentaba una fuerte amenaza a la hegemonía Optimate y como una de las principales razones de su elección había sido la campaña contra Jugurta Mario debió de enfrentar una enorme oposición que hacía todo lo posible para quitarle los recursos necesarios para terminar con la guerra.

No obstante, ahondemos más al respecto para poner la situación en contexto: Como ya mencionamos una de las razones por las que Mario había sido elegido fue justamente para derrotar a Jugurta, el Senado, que necesitaba enviar un fuerte mensaje político haciéndolo fracasar, se las ingenió para quitarle el mando consular de las tropas y otorgárselo nuevamente a Cecilio Metelo.

Ante esta jugada Mario no se quedaría quieto y se valería de un precedente legal para retomar el control de las legiones. Al no poder quitarle el mando el Senado optó por directamente sacarle las tropas, y, aduciendo que era una necesidad imperiosa, envió la mayor cantidad de recursos a detener a los cimbros y los teutones en el norte dejando a Mario literalmente con un ejército pelado.

Siendo un excelente general y un hombre que a causa de su condición social había experimentado los problemas de la antigua clase campesina romana, Mario idearía un conjunto de reformas que eliminarían toda restricción para ingresar al ejército. Si bien anteriormente prevalía la creencia de que un hombre con mayor patrimonio defendería más arduamente la patria, Mario convertiría a las legiones en un ejército profesional el cual suministraría no solo de un sueldo, armamento y entrenamiento de sus efectivos, sino que además los haría luchar por un futuro ya que al retirarse se le otorgaría al veterano una pensión y tierra en la cual formar una familia.

El enfrentamiento bajo el mando de Mario demuestra de una vez por todas tomar rumbo a favor de Roma. Ese mismo año empuja las filas de Jugurta hacia el Sur y el Oeste replegandolo hasta Mauritania y ganando terreno en varios puntos estratégicos. Si bien Mario llevaría una estrategia similar a la planteada por Metelo, es decir, intentaría ahogar a Jugurta limitando sus recursos, es bajo Mario que esta táctica se vuelve más agresiva y logra dar resultados significativos.

Ciertamente la guerra marchaba en buen rumbo y gracias a dos batallas masivas que resultaron a favor de Roma la situación de Jugurta queda en pésimo estado. Boco -Bocchus- Rey de Mauritania y suegro de Jugurta, comienza a notar los avances de Roma bajo su nuevo mando, que en efecto eran innegables, y como es lógico en un rey que sentía el peso de lo que le ocurriría a él y su reino una vez vencido Jugurta, comienza a plantearse un cambio de alianzas.

Con este fin inventa un ardid para atraer a un alto representante Romano, que sería el mismo Sula, y a Jugurta con el argumento de reunirse con la meta de pactar ciertos acuerdos. Si bien en un principio Boco se mantuvo dubitativo sobre si entregarle a Jugurta a los Romanos o entregarle al dignatario romano a Jugurta el sentido común hizo que se decidiera por lo primero, siendo Jugurta esa misma noche emboscado y entregado a los guardias de Sula.

Esto significo un golpe durísimo a las antiguas tropas del rey capitvo las cuales depusieron sus armas prontamente. Como Mario era el poseedor del Imperium -a grosso modo el poder de mando- todo el crédito fue para él, ignorandose literalmente la participaciónm de Sula. Cayo Salustio Crispo relata el suceso:

Si el tardar en resolverse -Salustio habla del Rey Boco- fue ficción o verdadera repugnancia, no puedo asegurarlo; lo cierto es que los deseos de los reyes, por lo mismo que son más vehementes, suelen ser menos estables, y aun a veces contrarios entre sí. Señalado tiempo y lugar para tratar de la paz, Boco llamaba unas veces a Sila, otras al enviado de Jugurta, hablando cortésmente a entrambos y ofreciendo a cada uno que le pondría su enemigo en las manos, con lo que ellos estaban contentos, y al mismo tiempo muy esperanzados. La víspera en la noche del día aplazado para el congreso, llama el moro a sus confidentes; pero mudando repentinamente de parecer, despídelos, y habiendo quedado solo, dícese que estuvo mucho tiempo batallando consigo mismo, demudado el semblante y el color, y atribulado a un tiempo mismo de ánimo y de cuerpo, cuyos ademanes, aun callando él, descubrían su interior agitación. Pero al fin manda llamar a Sila y por su dirección arma el lazo al númida. Venido que fue el día y avisado Boco de que Jugurta estaba no lejos de allí, sale, como por hacerle obsequio, con pocos de sus amigos y con nuestro cuestor, a encontrarle hasta un colladito que tenían muy a la vista del que estaban emboscados. Llega a aquel sitio Jugurta con los más de sus parientes y amigos, sin armas, según estaba convenido, y habiéndose dado la señal, embístenle por todas partes los que le esperaban. Cuantos con él venían fueron muertos; Jugurta, atado y entregado a Sila, quien lo condujo a Mario.
Mapa señalando los territorios romanos y los territorios numidas.

Mapa señalando los territorios romanos y los territorios númidas.

No sabemos la reacción de Sula, de hecho no hay mención sobre algún altercado o disputa, sin embargo seguramente su orgullo no habrá quedado intacto tras lo sucedido ya que al llegar a Mario Roma, con todos los honores, entra como un salvador de la República y prácticamente es amado por todo el pueblo y las tropas.

No así por la mayoría de los Optimates del orden senatorial quienes lo veían como una amenaza.
Durante el Triunfo festejado en honor al Cónsul triunfante Jugurta es amarrado a su carro triunfal y exhibido como un trofeo de guerra. Al llegar a la etapa culmine el rey númida es ejecutado dando de esta manera el cierre formal a la guerra y señalando la victoria romana en el conflicto en el 104 AC.

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