Tercera guerra de independencia (1866)*

La alianza entre Prusia e Italia

Las crecientes tensiones entre Austria y Prusia por la supremacía en el mundo germánico, provocaron en 1866 la Guerra Austro-prusiana que ofreció a los italianos la oportunidad de conquistar el Véneto. El 8 de abril de 1866, el Gobierno Italiano, guiado por el general Alfonso La Marmora, realizó una alianza militar con la Prusia de Bismarck.

Otto von Bismarck.

Otto von Bismarck.

De hecho, se creó alianza entre los dos Estados que vieron en el Imperio austríaco el obstáculo de las respectivas unificaciones nacionales. Según los planes prusianos, Italia tenía que atacar Austria por el frente meridional. Mientras tanto, aprovechando la superioridad naval, invadir las costas dálmatas, llevando el campo de batalla a Europa central.

El primer ataque italiano

El 16 de junio de 1866 Prusia comenzó las hostilidades contra algunos principados germanos aliados de Austria. El 19 de junio Italia le declaraba la guerra a Austria, con inicio de las hostilidades el 23 de junio.

Enrico_Cialdini

Enrico_Cialdini

Al inicio del conflicto, el ejército italiano estaba dividido en dos grupos: el primero, comandado por La Marmora que era de Lombardía; el segundo, comandado por el general Enrico Cialdini de Emilia-Romaña.

El general La Marmora sufrió una rápida derrota en Custoza el 24 de junio.

Cialdini asedió la fortaleza austríaca de Borgoforte, al sur del Po.

Custoza supuso un gran retraso de las operaciones, por el tiempo perdido en reorganizarse temiendo una contraofensiva austríaca.

El éxito general de la guerra vino de las importantes victorias prusianas en el frente germano, en particular en Sadowa el 3 de julio de 1866, obra del general von Moltke. Después de estas batallas los austríacos se retiraron a Viena. Uno de cada tres cuerpos armados italianos dieron prioridad a la defensa de Trentino e Isonzo.

La determinación del renovado esfuerzo ofensivo

El 5 de julio, llegó un telegrama del emperador de Francia Napoleón III, el cual prometía comenzar una mediación general, que habría permitido que Austria obtuviera condiciones honorables que hubieran permitido a Italia anexionarse Venecia.

La situación era particularmente embarazosa, debido a que las fuerzas armadas no supieron ganar ningún enfrentamiento en el campo de batalla.

El gobierno italiano buscó, por lo tanto, ganar tiempo, mientras el general Alfonso La Marmora obtenía «…una buena batalla para estar en condiciones más favorables para la paz».

El 14 de julio, en un consejo de guerra en Ferrara, se estableció, finalmente una nueva actitud respecto al proseguir de la guerra:

  • Enrico Cialdini habría guiado un ejército de 150.000 hombres que habría avanzado a través del Véneto, mientras La Marmora, con cerca de 70.000 hombres, hubiese mantenido la defensa de la fortaleza del Cuadrilatero.
  • La Regia Marina de la mano del Almirante Persano buscaría la gloria, saliendo del puerto de Ancona (cosa que intentó, el 20 de julio, en una desastrosa derrota en la batalla de Lissa de 1866).
  • El cuerpo de voluntarios de Garibaldi, reforzado con una división, debería penetrar en Trentino, acercándose lo más posible a la capital.

De hecho, ahora la adquisición del Véneto era cierta, pero era urgente proceder a la ocupación de Trentino antes de las negociaciones de paz.

El auge de las operaciones italianas

En las semanas siguientes, Cialdini dirigió al ejército italiano a las orillas del Po, de Ferrara a Udine. Cruzó el Po y ocupó Rovigo el 11 de julio, Padova el 12, Treviso el 14; Santa Señora de Piave el 18, Valdobbiadene y Oderzo el 20, Vicenza el 21 y Udine el 22 de julio.

Mientras tanto, los voluntarios de Garibaldi partieron de Brescia hacia Trento abriéndose camino, el 21 de julio a la batalla de Bezzecca, la cual ganó. A su vez, una segunda columna italiana llegaba, el 25 de julio, a las murallas de Trento. Pero Garibaldi recibió órdenes del Gobierno italiano de abandonar Trentino, las cuales debió obedecer.

El cese de las hostilidades se produjo después del Armisticio de Cormons, el 12 de agosto de 1866, seguido el 3 de octubre de 1866 en el Tratado de Viena. Así Italia consiguió anexionarse el Véneto, Víctor Manuel entró triunfal en Venecia, y realizó un acto de homenaje en la plaza de San Marcos. Pero aún faltaba anexionar al reino: Roma, Trentino, Alto Adigio, Trieste, Istria, Dalmacia y la Suiza italiana (aparte las áreas de lengua italiana en Córcega, Niza y Malta).

La conquista de Roma (1870)

Antecedentes

Giuseppe Garibaldi, después de la fundación del Reino de Italia prosiguió incansablemente sus actividades militares en busca de la unidad de Italia, emprendiendo acciones sin éxito en 1862 al grito de: Roma o muerte!. La protesta de Napoleón III, cuyas tropas custodiaban Roma, llevó al ejército de ocupación piamontés en Nápoles a repeler a Garibaldi, haciéndole prisionero en Aspromonte (sur de Nápoles). En 1867 realiza una nueva marcha hacia Roma aprovechando la retirada de tropas francesas, que se ven obligadas a desembarcar otra vez y a derrotar al italiano en Mentana.

La conquista

En esta foto de la época, se ven los escombros de la puerta romana Pía.

En esta foto de la época, se ven los escombros de la puerta romana Pía.

En julio de 1870 comenzó la guerra franco-prusiana. A principios de agosto Napoleón III llamó para la guerra a la guarnición que defendía de un posible ataque italiano a los Estados Pontificios. Numerosas manifestaciones públicas demandaban que el gobierno italiano tomara Roma. El gobierno italiano no inició ninguna acción bélica directa hasta el derrumbamiento del Segundo Imperio francés en la batalla de Sedán. Víctor Manuel II le envió una carta a Pío IX, en la que le pedía guardar las apariencias dejando entrar pacíficamente al ejército italiano en Roma, a cambio de ofrecer protección al Papa. Pero esté se negó rotundamente.

El ejército italiano, dirigido por el general Raffaele Cadorna, cruzó la frontera papal el 11 de septiembre y avanzó lentamente hacia Roma, esperando que la entrada pacífica pudiera ser negociada.

Sin embargo, el ejército italiano alcanzó la Muralla Aureliana el 19 de septiembre y sitió Roma. El Papa siguió siendo intransigente y forzó a sus Zuavos a oponer una resistencia más que simbólica, ante la imposibilidad de la victoria. El 20 de septiembre, después de tres horas de bombardeos, el ejército italiano consiguió abrir una brecha en la Muralla Aureliana (Breccia di Porta Pia). Los Bersaglieri marcharon por la Vía Pía, después llamada Vía del XX de septiembre. 49 soldados italianos y 19 zuavos murieron en combate, y, tras un plebiscito, Roma y el Lacio se unieron a Italia.

Víctor Manuel le ofreció al Papa como compensación una indemnización y mantenerle como gobernante del Vaticano. Pero el Papa, que quería mantener el poder terrenal de la Iglesia, se negó, pues eso hubiera supuesto reconocer oficialmente al nuevo estado italiano y se declaró prisionero en el Vaticano. Además, sabiendo la influencia que tenía sobre los católicos, les prohibió a todos los católicos italianos votar en las elecciones del nuevo reino.

Esta situación, llamada Cuestión Romana, no cambió hasta 1929, cuando Benito Mussolini y Pío XI firmaron los Pactos de Letrán.

El Irredentismo

La última fase de la Unificación de Italia fue en las «tierras irredentas» del Adriático oriental, específicamente en laDalmacia italiana. En color violeta, los territorios del Reino de Italia en Dalmacia entre 1918 y 1947, con las islas de Cherso y Lussino cerca de Istria, la provincia de Zara al centro y las islas de Lagosta y Cazza en el Adriatico meridional. En color amarillo, los límites del italiano Gobiernatorado de Dalmacia entre 1941 y 1943, durante la segunda guerra mundial.

La Unificación de Italia sin embargo no se había completado. Algunas provincias, como Trentino, Alto Adigio, Trieste, Istria, Dalmacia y Ragusa aún continuaban bajo dominio austriaco, por lo que fueron denominadas provincias irredentas (no liberadas). En estos lugares surgió un movimiento de carácter nacionalista que buscaba su incorporación a Italia. Este movimiento, a favor de unificar al Reino de Italia también la llamada Italia irredenta, sucesivamente se extendió a las áreas “francesas” de Niza y Córcega.

RegioniIrredenteItalia

Tarjeta que representa Italia y su reivindicación territorial sobre las poblaciones italianas en 1919.

La situación no se desbloqueó hasta el final de la Primera Guerra Mundial, en la que Italia entró del bando aliado con la promesa de recibir como compensación las Provincias Irredentas en manos austrohúngaras. Sin embargo, no todas estas provincias del Imperio de los Habsburgo fueron traspasadas en 1918, sino que Dalmacia (con la excepción de la ciudad de Zadar (Zara) y algunas islas como Cherso,Lussino y Lastovo (Lagosta) pasó a formar parte de Yugoslavia.

El fascismo de Benito Mussolini consideró «irredentas» también Córcega, Niza y Malta, que estaban bajo control de Francia y Reino Unido. Durante la Segunda Guerra Mundial, Reino de Italia ocupó toda Dalmacia, Córcega y Niza por algunos años hasta septiembre de 1943, cuando resultó derrotada en el conflicto mundial.

La Italia irredenta fue unida a Italia por Mussolini y esto culminó el proceso de Unificación de Italia durante los primeros años de la segunda guerra mundial. Entre 1936 y 1943 Italia también se convirtió en Imperio, cuando el Rey Víctor Manuel III fue coronado Emperador de Etiopía.

Después de 1945, Istria y Zara fueron cedidas a la Croacia (parte de Yugoslavia) del líder comunista Tito y se registró el éxodo forzado de casi toda la población italiana (350.000 exiliados) de estas áreas.

Movimientos secesionistas posteriores

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Carmine Crocco, (Rionero in Vulture 1 de junio de 1830 – Portoferraio 18 de junio de 1905) uno de los artífices de la revolución de los bandidos llamados «briganti».

Después de los primeros días de la Expedición de los Mil de Garibaldi, y durante varios años siguientes, se produjeron algunas revueltas por la independencia del Reino de las Dos Sicilias que pusieron en dificultades al recién nacido Reino de Italia durante los primeros años unitarios. Los revolucionarios fueron llamados «briganti» (bandidos) porque practicaban sangrientas guerras de guerrillas y realizaban saqueos con homicidios.

Esta violenta contrarrevolución popular se debía al fracaso de las ilusiones de reforma agraria además del aumento de los impuestos y por la confiscación de tierras borbónicas por parte del nuevo gobierno piamontés.

La revuelta estalló en casi todo el sur a finales del 1861 y el Piamonte envió a Nápoles a Enrico Cialdini dándole poderes extraordinarios con un total de 120.000 hombres. Así se comenzó una de las más cruentas represiones de la historia italiana.

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Víctor Manuel III, rey de Italia y emperador de Etiopía, nacido en Nápoles y autor de la total integración del sur italiano.

Varios historiadores nacionalistas italianos afirman que casi todas las matanzas fueron hechas por los bandidos «briganti» para aterrorizar a la población civil, que en su gran mayoría era favorable a la Unificación de Italia.

En 1864 se instauró la ley marcial en el ex Reino de las Dos Sicilias y las rebeliones se pudieron sofocar completamente hacia el año 1868. En todos estos años murieron un total de diecisiete mil meridionales en batalla o fusilados por «bandolerismo»; esta cifra es casi superior a la de todos los caídos en el sur de Italia para lograr la Unificación.

Después de la «toma de Roma» por parte de los italianos en 1870, el Estado Pontificio terminó su apoyo a los briganti y rápidamente se acabó la guerrilla. Este hecho fue considerado (por historiadores como Benedetto Croce) como la prueba de que estas revueltas fueron artificialmente promovidas por el papa de Roma.

El historiador Alfonso Scirocco afirma que la Unificación fue completa en la primera mitad del siglo xx, desapareciendo totalmente los movimientos secesionistas durante el gobierno de Víctor Manuel III, nacido en Nápoles y particularmente unido y afeccionado al sur de Italia.

En efecto durante el fascismo fue completada la alfabetización de todo el sur italiano, fueron construidos hospitales y entidades asistenciales en todas las provincias al sur de Roma y fue iniciado un proceso de industrialización en varias ciudades del sur, que se manifestó también en el fin de la enorme emigración acaecida en las décadas anteriores.

A causa de todo esto (junto con la prácticamente total eliminación de la delincuencia organizada que plagaba regiones como Sicilia) en 1939 la mayoría de la población en el sur de Italia apoyaba la unificación italiana y el nacionalismo italiano de Mussolini.

Situación actual

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Las seis naciones signatarias del Tratado de Roma de 1957.

Con la caída del fascismo, que obtuvo el consenso hacia la completa Unificación de los Italianos con la conquista de Etiopía en 1936, los Aliados empezaron una política de regionalización de Italia favoreciendo la creación de regiones independientes (como ocurrió en Sicilia en 1946).

Los disidentes de la unificación hicieron su aparición a lo largo de la segunda mitad del siglo XX (sobre todo después de la segunda guerra mundial en las leyes de los estados anexados) y los simpatizantes del regionalismo han llegado hasta nuestros días. En la actualidad existen dos pequeños movimientos independentistas con representación de un partido político activo: uno en el norte (Liga Norte) y otro al sur (Movimiento neoborbónico). Este movimiento secesionista meridional es parcialmente el resultado de las antiguas rebeliones de los campesinos contra el nuevo gobierno.

Una situación similar existe en el autoproclamado Condado de Seborga. Su demanda histórica de independencia viene del haber sido excluidos de los tratados que unificaron el moderno estado italiano. Sin embargo no ha sido identificado como un movimiento secesionista, ya que afirma que nunca fue parte de Italia. Las reclamaciones de independencia de Seborga no han sido reconocidas por ningún gobierno.

La provincia italiana de Alto Adigio tuvo un fuerte movimiento secesionista, dirigido por la mayoría austro-germana que exigía su unión con Austria (el deseo secesionista se hizo más fuerte inmediatamente después del final de la Segunda Guerra Mundial).

Los partidos secesionistas existen en la actualidad, pero el movimiento ha sido casi eliminado, en gran parte gracias a la amplia autonomía concedida por parte del gobierno italiano.

Hay pocas naciones europeas con una identidad cultural precisa y definida claramente como la italiana: mismo pasado histórico con “abuelos” de la antigua Roma y padres del “Rinascimento”, misma religión católica, misma lengua neolatina (y dialectos neolatinos), mismas costumbres sociales (desde las leyes del derecho romano hasta las costumbres alimenticias, pasando por diversiones comunes a todos los italianos como el “calcio”, etc…). Si se analizan bien las grandes naciones en la Europa occidental actual solamente Italia y Francia no han tenido sangrientas fracturas (como Yugoslavia o Checoslovaquia o Alemania dividida entre Austria-Alemania occidental-Alemania oriental) o sangrientos tentativos de fractura (como Gran Bretaña con el Ulster o España con los Vascos): Italia y Francia solo han sufrido unos pocos años de terrorismo local y sin muchos muertos (Italia en Alto Adigio y Francia en Córcega). Que Italia tenga “solamente” casi 150 años de estar unida políticamente no significa que no haya obtenido identidad cultural: el fascismo -aunque con todos sus males- ha obtenido la completa alfabetización de Italia y la capacidad de todos los italianos de hablar/escribir/leer en italiano. Y la lengua nacional (cementada por la guerras mundiales) sigue creciendo en importancia: en el 2003 por primera vez el idioma de Dante se ha convertido -según la “Accademia della Crusca” en la lengua hablada en familia por el 51% de los italianos. O sea que ha crecido en casi un siglo y medio del 2% (hablado solamente en Toscana) en 1861 a más de la mitad ahora! Hay que recordar que en Francia para imponer la lengua d’oil de París tardaron cinco siglos y todavía ahora hay muchos franceses que utilizan la lengua d’oc en el sur francés… En otras palabras: la unificación de Italia es un suceso en fin y al cabo. Entre un romano y un lombardo de Milán no existe las diferencias que hay entre un madrileño y un catalán de Barcelona, por ejemplo.

Actualmente la mayoría de los italianos apoya la continuación del proceso de Unificación de Italia en la actual Unificación de Europa. Dicha Unificación europea se ha iniciado en los Tratados de Roma de 1957 y fue promovida por Alcide De Gasperi, considerado uno de los «padres fundadores» de la Unión Europea.

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