Sofía Dorotea de Hannover*

Sofía Dorotea de Hannover (Schloss Herrenhausen, Hannover, 16 de marzo de 1687  Berlín, Prusia, 28 de junio de 1757) fue la menor de los dos hijos del duque Jorge Luis de Brunswick-Luneburgo (luego rey Jorge I de Gran Bretaña) y de Sofía Dorotea de Brunswick-Luneburgo. Fue reina consorte en Prusia por su matrimonio con Federico Guillermo I de Prusia y madre de Federico II el Grande.


Tras el divorcio de sus padres en 1694, Sofía y su hermano mayor Jorge Augusto —futuro rey Jorge II— fueron separados de su madre, a la cual no volverían a ver nunca más.

Sophia Dorothea se casó con su primo Federico Guillermo, heredero del trono prusiano, el 28 de noviembre de 1706. La pareja se conocía desde niños al haber estado ambos al cuidado de su abuela Sophia of Hanover y ya desde entonces desarrollaron una antipatía mutua. Sophia Dorothea difería de su marido en numerosos aspectos lo que resintió su matrimonio. Uno de las principales diferencias entre ambos fue el amor de Sophia Dorothea por el entretenimiento.1 Federico Guillermo se planteó el divorcio el mismo año de la boda y, juzgando por las cartas de Sophia Dorothea, la acusó de no querer casarse con él.

Al subir su marido al trono en 1713 Sofía Dorotea se convirtió en reina de Prusia. Recibió el apodo de “Olympia” por su porte real. La reina y sus hijos vivieron aterrorizados por las palizas de Federico Guillermo, que podría haber padecido de porfiria.

Sofía Dorotea de Hannover en el centro, durante una visita del rey de Polonia a Berlín.

Sofía Dorotea de Hannover en el centro, durante una visita del rey de Polonia a Berlín.

Federico Guillermo vio con disgusto la ambición de Sofía Dorotea de casar a su hijo Federico con la Princesa Amelia Sofía de Gran Bretaña, y a su hija Guillermina con Federico Luis, Príncipe de Gales, ambos hijos de su hermano Jorge II. Acusó a Sofía Dorotea de haber dañado su relación con sus hijos y prohibió que volviera a verlos si él no estaba presente. A pesar de esta orden, sus hijos siguieron visitándola en secreto, lo que provocó que al menos en una ocasión Federico y Guillermina se vieran obligados a esconderse entre el mobiliario de la habitación de su madre al presentarse Federico Guillermo inesperadamente.

Sofía Dorotea mantuvo una buena relación con su hijo Frederick, más tarde conocido como “Federico el Grande”, que siguió muy unido a ella y sintió profundamente su muerte. Ambos pasaban mucho tiempo en la biblioteca de palacio y su confianza era tal que Federico le informó de sus planes de escapar de la tiranía de su padre en 1728. Tras retirarse de la corte, Sofía Dorotea continúo la correspondencia con su hijo desde la fortaleza de Küstrin.

Sofía Dorotea sentía interés por las artes, la ciencia, la literatura y la moda. A pesar de que su cara quedó marcada por las cicatrices de la viruela, mantuvo una figura atractiva incluso tras sus numerosos embarazos. Se la conocía por su orgullo y ambición aunque su marido no le permitió ejercer ninguna influencia por creer que las mujeres debían dedicarse únicamente a críar a los hijos evitando así que dominaran a sus maridos.

Federico Guillermo despreciaba los gustos de Sofía Dorotea por considerarlos frívolos, en especial, su interés por las apuestas. Se dice que cuando se encontraba en medio de un juego, Sofía tenía preparadas alubias para, en el caso de que apareciera su marido, pretender que no se estaba apostando dinero. Su comportamiento hacia ella ha sido descrito como duro y se tiene registro del uso de insultos al referirse a ella. Su brutal comportamiento con ella era tan conocido, que lo opuesto era recibido con sorpresa.

En 1726 Sofía Dorotea heredó de su madre la suma de tres millones, momento en el que Federico Guillermo comenzó a tratarla repentinamente con mejores maneras. Al ser un hecho inusual, el embajador imperial reportó que el cambio de actitud se debía meramente al deseo por conseguir el dinero de su mujer. Al nunca recibir el dinero, dado que su hermano se negó a entregárselo, Federico Guillermo regresó a su comportamiento habitual hacia ella.

Sofía Dorotea falleció en el Schloss Monbijou, cerca de Berlín, el 28 de junio de 1757, a los 70 años de edad.

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