Óscar I de Suecia** Rey de Suecia y Noruega (1844-1859)


oscar_i(París, 1799 – Estocolmo, 1859) Rey de Suecia y Noruega (1844-1859). Era hijo y sucesor de Carlos XIV y de su esposa Desirée Clary. Fue designado príncipe sueco en el año 1810, heredero de la corona sueca en el año 1818 y virrey de Noruega en 1824, pero su padre le apartó temporalmente de los asuntos de Estado por el temor que le producía su liberalismo y su escandinavismo.

Óscar I tenía ya cuarenta y cinco años cuando subió al trono, y aunque no había nacido en Suecia, vivía allí desde hacia más de treinta y cinco años. Ello determinó que la población le aceptara como sueco en mayor medida que lo hicieron con su padre. Por otra parte, había realizado numerosas visitas a Noruega, y por supuesto a sus nobles, que eran un pilar muy importante como punto de apoyo a la hora de gobernar. La Suecia de su época no escapó a los movimientos revolucionarios del año 1848 que se dieron en toda Europa, aunque con menos virulencia en Suecia. Desde su advenimiento al trono, el príncipe se mostró más liberal que su padre.

Josefina de Leuchtenberg, esposa de Óscar I, en un retrato de 1835.

Josefina de Leuchtenberg, esposa de Óscar I, en un retrato de 1835.

Su liberalismo se manifestó en primer lugar en la prensa, cuyo control comenzó a ser menos estricto; se abolió el derecho a embargar los periódicos. Por otro lado, muy pronto, se estableció también una ayuda para los indigentes urbanos y se decretó la igualdad de los dos sexos en materia de sucesión. De todas formas, en esta época se reforzó el poder del Consejo Real, auténtico gabinete ministerial, y se ampliaron sus competencias.

El rey Óscar I creó una “autocracia liberal”, lo que, en definitiva, no era otra cosa que el despotismo ilustrado del Siglo de las Luces. Con sus actuaciones demostró que los temores de su padre eran infundados, y que el rey no era un genuino representante de los nuevos vientos liberales que corrian por todo el continente.

Gustava Gyldenstolpe (Jaquette Löwenhielm), amante de Óscar I, en un grabado de 1824.

Gustava Gyldenstolpe (Jaquette Löwenhielm), amante de Óscar I, en un grabado de 1824.

En cuentiones de política internacional, Óscar I deseaba construir una unidad territorial que fuera hegemónica en el espacio comprendido entre el mar Báltico y el océano Atlántico y que participara en la vida europea. Suecia, que basculaba entre Rusia y Gran Bretaña, intentaba desempeñar la labor de árbitro en este sector europeo. Lo consiguió momentáneamente al prometer a Dinamarca ayuda militar para la protección de los ducados de Schleswig y Holstein, frente a las apetencias territoriales de Prusia.

Sin embargo, la primera crisis de los ducados no concluyó bajo presión de Óscar I, sino más bien de los ingleses y los rusos. La presión rusa era más sensible que la de Gran Bretaña. La pérdida de Finlandia no se había olvidado por completo en Suecia. Cuando, en el año 1822, unos rebaños de renos noruegos se aproximaron hasta las inmediaciones del claustro de Boris-Glebb, en el territorio ártico de Petsamo, se provocó un conflicto que el rey concluyó en el año 1826, con la firma de un acuerdo con San Petersburgo, en el que se fijaban las fronteras definitivas del territorio.

En el año 1852, Rusia cerró la frontera, e impidió, así, el desarrollo de las actividades pesqueras y de nomadismo. Esa limitada guerra fronteriza en las orillas del océano Ártico no tenía gran importancia por sí misma, pero era una espina más que alimentaba el resentimiento sueco contra Rusia. Suecia, pues, se enfrentaba a con ella, ya fuera en el extremo sur, a propósito de los ducados daneses, o en el extremo norte.

Pero será la guerra de Crimea (1853) la que brinde a Óscar I la oportunidad de aproximarse a Gran Bretaña. El monarca intentó entonces, siempre en vano, convertir a Suecia en una potencia mundial. Para ello, deseaba intervenir militarmente al lado de Gran Bretaña. La rapidez relativa con que se firmó la paz entre Gran Bretaña y Francia, por una parte, y Rusia por otra, y la indiferencia de Finlandia ante las iniciativas de Suecia, impidieron que Óscar I pudiera pasar a la acción. Sin embargo, Suecia consiguió en esa guerra la garantía de Francia y de gran Bretaña en aquellas cuestiones que pudieran enfrentarla a Rusia.

A partir 1857 el monarca padeció problemas mentales y fue incapacitado para ejercer el gobierno, y su hijo Carlos actuó como regente hasta la muerte de su padre.

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