La campaña rusa y la derrota de Napoleón**

Las tropas del emperador Napoleón se disponían, en Noviembre de 1812, a derribar la última puerta de la Europa Oriental: pretendían hacerse con el Imperio de Rusia, y asomaban ya a las puertas de Moscú.

Invasión napoleónica de Rusia
Invasión napoleónica de Rusia

Sin embargo, la Grande Armée sufrió una derrota decisiva que pocos se habían atrevido a pronosticar. Ya diezmada por los combates, el frío, el hambre y las deserciones, sufrió muchas pérdidas cuando, en plena retirada, hubo de cruzar de nuevo el río Beresina. Miles de soldados murieron allí ahogados, víctimas de los cañones rusos y del constante hostigamientos al que los sometían los cosacos y los cuerpos de campesinos.

Alarmado por las preocupantes noticias del golpe de estado que planeaba el general Malet, Napoleón se vio obligado a regresar apresuradamente a París, y el ejército quedó, a fecha del 30 de Noviembre de 1812, al mando de Murat. Pero le quedan solamente diez mil hombres.

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La campaña napoleónica contra el imperio zarista había comenzado varios meses antes, en Junio, a causa de las graves discrepancias políticas entre Alejandro I y Napoleón. Desde el punto de vista francés, el incumplimiento, por parte de los rusos, de los acuerdos de Erfurt que permitían a los británicos vender sus mercancías en territorio ruso, eran hechos que justificaban sobradamente una acción bélica.

De manera que Napoleón organizo un enorme ejército de seiscientos diez mil hombres, de los que sólo la mitad eran franceses; los demás eran tropas auxiliares procedentes de estados vasallos ya conquistados: había allí veinte mil prusianos, treinta mil austríacos, y cien mil polacos. Cuando cruzaron el Niemen sin previa declaración de guerra, Napoleón ocupó Vilno y poco después Vitebsk, pero no cumplió su principal objetivo de obligar al ejército ruso a enfrentarse abiertamente a sus tropas.

La estrategia rusa, para desesperación de Napoleón, quedó clara desde el principio: retirarse continuamente para desgastar al enemigo y conservar intactas las fuerzas propias.

alejandro_i_rusiaEsta política militar fue objeto de enconados debates entre los generales rusos, pues muchos de ellos proponían –como habría deseado Napoleón- un enfrentamiento abierto con los franceses.

Finalmente se impuso la lógica de Mijail I. Kutuzov y las tropas rusas aplicaron la estrategia de la retirada, lo que obligó a la Grande Armée a adentrarse profundamente en territorio ruso ante la amenaza de quedarse sin avituallamiento para el invierno. Napoleón no quiso perder tiempo y dirigió a sus tropas a Moscú, con la esperanza de presionar al zar Alejandro I.

Por primera vez, los franceses encontraron resistencia en Borodinó (el 7 de Septiembre), frente al Moscova, aunque las tropas rusas volvieron luego a replegarse. Napoleón, cuando entró en la ciudad, descubrió la trampa: acaban de conquistar gloriosamente una ciudad cuyos habitantes habían quemado y abandonado. Estaban aislados en una ciudad reducida a cenizas, y sus vías de abastecimiento hacia el oeste podían ser cortadas con suma facilidad por el ejército ruso, que además estaba intacto.

Napoleón avanzando con sus tropas en Moscú en llamas.

Napoleón avanzando con sus tropas en Moscú en llamas.

Tras pensarlo mucho, Napoleón se vio obligado a ordenar la retirada el 19 de Octubre, pero ese fue el momento que Kutuzov escogió para asestar su ofensiva. En su larga marcha a través de un país desolado, los soldados napoleónicos sufrieron el ataque intermitente de la caballería de los cosacos, y las emboscadas de los campesinos, al mismo tiempo que se veían obligados a lidiar con dos enemigos casi peores: el hambre y el frío. Al final, las tropas napoleónicas se vieron obligadas a tomar la ruta más ardua: la de Smolensk, rodeadas por varios ejércitos rusos. Cuando finalmente consiguieron llegar al Beresina, la Grande Armée, que había parecido imbatible, se reducía a un conjunto de diez mil hombres hambrientos, abatidos y enfermos.

Retirada de Moscú, obra de Adolph Northern

Retirada de Moscú, obra de Adolph Northern

El único sesgo positivo que Napoleón pudo extraer de tan terrible campaña fue el ascenso a héroe nacional de su mariscal Ney, que se convirtió, liderando las fuerzas de la retaguardia, en el verdadero azote de los rusos. Sin él, la debacle francesa habría sido aún más grave.

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