Goya como testigo**

Yo lo vi, Goya como testigo. En el cual podemos descubrir una interesante visión sobre los Desastres de la Guerra pintados por Goya.

El título de este trabajo hace referencia a una de las estampas del pintor dentro de la serie Desastres de guerra titulada Yo lo vi. Pero la cuestión que me planteo aquí es, ¿realmente Goya vio aquello que pintó?, ¿fue testigo de aquellos horrores que relata con su buril?, ¿cómo influyeron esas imágenes de actos atroces en su época y en las posteriores?

Trataré a lo largo del trabajo de comprobar si Goya fue testigo de esos horrores retratados, comentaré la importancia de hacer una “nueva historia” con documentos gráficos, cómo la belleza anterior se convierte en sublimidad y poco a poco es aceptada por los espectadores, y por último la repercusión que esta pintura tendrá en los pintores posteriores, con lo que Goya se convierte, sin discípulos, en un visionario.

INTRODUCCIÓN: BREVE BIOGRAFÍA Y CONTEXTO

La vida y obra de Francisco de Goya se extiende a lo largo del reinado de tres Borbones, los monarcas Carlos III(1759-1788), Carlos IV (1789-1808) y Fernando VII (1808-1833). La situación del país a comienzos del Siglo XVII, tras la Paz de Utrecht, es muy diferente de la existente a la muerte de Carlos III. En esta época, la población aumenta notablemente.

El siglo XVIII es llamado el siglo de las reformas. La situación europea, a la que no resultaba ajena España, tras las guerras del XVII, demandaba actuaciones que mejorasen la situación existente en la economía, la sociedad y la política. Estas acciones fueron llevadas a cabo en España por el movimiento político conocido como Ilustración española.

Los Borbones adoptan la forma de gobierno conocida generalmente como despotismo ilustrado. Se rodean de un gabinete, normalmente formado por miembros de la nobleza baja, que llevan el peso de la burocracia estatal, como Esquilache, Floridablanca, Aranda o Godoy. De esta forma, la monarquía fortalece los secretarios de estado y despacho, excluyendo a la alta nobleza de los puestos de responsabilidad y del poder que de ellos emanaba, buscando una administración competente y completamente subordinada al poder real. Otra de las novedades introducidas es la aparición de la figura del intendente como instrumento de la monarquía en todos los campos de la actividad económica y social. La Hacienda se reforma, pasa a depender de secretarios, y se modifican los regímenes fiscales de los reinos de España, con la introducción de nuevos impuestos. En 1782 se funda el Banco de San Carlos.

En la segunda mitad del siglo XVIII se multiplican las acciones encaminadas a mejorar las condiciones comerciales y la incipiente industria. Se eliminan los puertos secos y se mejoran las comunicaciones, se abren más puertos al comercio americano. Se crean fábricas reales, y se favorece la creación de nuevas fábricas, tanto de lujo como de manufacturas. Siendo este hecho muy notable para la obra de Goya, que pintó numerosos cartones para la Fábrica de Tapices de Santa Bárbara. La reforma del ejército y de la marina fueron favorecidas por la construcción de numerosas factorías y maestranzas, así como astilleros. El resurgir de la flota favoreció la recuperación del comercio marítimo con las colonias americanas.

La Triple generación (entre 17602 y 1769,3 Jerez de la Frontera, colección particular).

La Triple generación (entre 17602 y 1769,3 Jerez de la Frontera, colección particular).

Compleja es la situación del mundo rural. Prosigue el enfrentamiento entre agricultura y ganadería. Se necesita aumentar la producción agrícola, lo que entra en colisión con la preponderancia de la Mesa. Las tímidas reformas emprendidas pretendían realizarse sin afectar a las clases altas propietarias de grandes cantidades de terreno, lo que supuso su fracaso.

La nobleza, gran propietaria, mantiene sus privilegios jurisdiccionales, basados en el régimen de señorío. En las poblaciones de mayor tamaño existían ayuntamientos, formados por regidores bajo la autoridad de un corregidor. Carlos III introdujo la presencia del pueblo llano mediante la elección de procuradores y/o diputados del común, elegidos mediante sufragio indirecto, manteniendo de esa forma su poder en todas las regiones del país.

La Iglesia mantiene, la jurisdicción sobre las tierras y territorios que le son propios. Las relaciones con el poder real resultaron difíciles. Momento crucial fue la expulsión de la Compañía de Jesús de España, durante el reinado de Carlos III. Por contra, no puede olvidarse que la presencia del clero en los gobiernos borbónicos es continua.

Goya hizo numerosos encargos de la mano de la Familia Real, así como de la Iglesia, siguiendo los cánones de belleza impuestos por la Real Academia de San Fernando, y continuando con el antiguo concepto de bello como lo bueno. Bueno, como aquello que los que tenían el poder consideraban como tal.

Todas estas reformas entran en crisis tras la guerra contra Napoleón. Las nuevas ideas comienzan a transformar la sociedad y la cultura, penetran en el ejército. Los mecanismos políticos, sociales y económicos desarrollados en el siglo XVIII son insuficientes a comienzos del siglo XIX. A pesar de los intentos de Fernando VII, las propias reformas de sus antecesores y la influencia europea fueron los acicates para nuevos modelos, que se desarrollaron en el país, en la época liberal, a través de duros y sangrientos episodios.

En este momento es en el que el pintor refleja los horrores de la guerra y por lo tanto deja de lado su lado más académico para encontrarse con su lado más romántico.

Si se comparan estos datos con algunos de los artistas que vivieron e hicieron sus obras en ese mismo periodo, se puede encontrar el dato curioso de la coincidencia con fechas biográficas de grandes artistas, como es el caso de Jacques-Louis David, Henry Fuseli, John Flaxman, William Blake, etc., todos los cuales nacieron poco antes o un poco después que el pintor español, conocieron los mismos acontecimientos y, de alguna manera, compartieron su actitud de involucrarse dinámicamente en los acelerados y traumáticos cambios de su época. De todas formas, al margen del diferente talento de cada cual, la experiencia de Goya no es comparable a la de los restantes artistas europeos mencionados, porque la España de entonces ya era un caso aparte dentro de la Europa Occidental, lo que supuso que los acontecimientos se vivieran de una forma diferente. Por ese motivo también Goya expone los horrores de los acontecimientos ocurridos de forma diversa, como ocurre en el caso de David, que a pesar de haber sido también exiliado y haber conocido de cerca los horrores de una guerra civil, no nos trasmite, ni siquiera en su escena más cruenta, el verdadero horror y cariz del asunto vivido, algo que ocurre con normalidad en la última etapa de Goya.

Los únicos colegas de Goya, que llegan a hacer un uso de la monstruosidad de forma verosímil son Fuseli y Blake, estudiados popularmente junto con Goya y denominados, como pintores visionarios, aunque las imágenes de estos pintores están inspiradas en lo mitológico, lo legendario, lo fantástico o lo onírico. En el caso de Goya, basta con echar una simple ojeada a algunas de las series de grabados o contemplar algunos de los cuadros dedicados a la brujería, para ver que Goya estaba dotado una poderosa imaginación  y frecuentaba también lo fantástico, pero en él el horror se convierte en parte de los cotidiano, de manera que con sus pinturas no nos podemos resguardar de la realidad. Este concepto de pintura de la realidad queda patente en la obra que da nombre a este trabajo Yo lo vi, grabado en el cual el artista muestra horrores reales, rompiendo así con las ideas de Kant de belleza.

Lo que vio Goya fue, por lo tanto, terrible. Pero lo que me interesa comentar a continuación es el hecho de que Goya fuese testigo, tal y como lo entiende Giorgio Agamben.

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