Historia de la Guerra de los Treinta Años (1618-1648)

La-guerra-de-los-treintaDurante la primera mitad del siglo XVII, Alemania, cuna de la Reforma, fue teatro de la última guerra europea religiosa; guerra que, habiendo comenzado por disensiones entre católicos y protestantes alemanes, se transformó en lucha europea política.

Tal fue la Guerra de los Treinta Años. Sus causas remontan al siglo XVI, a la paz de Augsburgo, cuyas concesiones, limitadas a los luteranos, no alcanzaban a otras sectas, como los calvinistas, que eran en Alemania bastante numerosos.

Guerra de los 30 Años (Mapa de Europa en 1648 tras la Paz de Westfalia. La zona gris representa a los pequeños estados alemanes incluidos en el Sacro Imperio Romano Germánico.)

Guerra de los 30 Años (Mapa de Europa en 1648 tras la Paz de Westfalia. La zona gris representa a los pequeños estados alemanes incluidos en el Sacro Imperio Romano Germánico.)

El famoso artículo de la reserva eclesiástica no se cumplía.

Príncipes eclesiásticos, como por ejemplo el elector arzobispo de Colonia, hacíanse protestantes, negándose a renunciar sus dominios temporales.

De aquí numerosos conflictos.

El catolicismo, reorganizado en Trento, pasaba de la defensiva al ataque.

Poderosos príncipes de Alemania del sur, como los de Austria y Baviera, adictos a Roma, favorecían la propaganda de los jesuitas, que se traducía en la fundación de colegios y universidades.

Maximiliano_de_Baviera

Maximiliano_de_Baviera

Resultado de aquella empeñada lucha fue acentuar la división de Alemania en dos campos opuestos: la Unión evangélica (1608), que juntaba luteranos y calvinistas – el elector palatino del Rhin, el duque de Wurtemberg, el elector de Brandeburgo, el landgrave de Hesse-Cassel y bastantes ciudades, y la Liga Católica, dirigida por el duque Maximiliano de Baviera, los electores eclesiásticos de Maguncia, Tréveris y Colonia, y las ciudades de Alemania meridional.

Los Habsburgo, sucesores de Carlos V, Fernando I (1519- 1564) y el hijo de éste, Maximiliano II (1564-1576), fueron tolerantes; pero no sus sucesores, Rodolfo II (1576-1611) Y Matías (1612-1619), que se pusieron al frente de la reacción católica.

A la casa de Habsburgo pertenecía, entre otras posesiones, el reino de Bohemia (desde 1526), país habitado por pueblos de distinto origen, que profesaban distintas creencias, apasionados por sus libertades, que el propio emperador Rodolfo II les había garantizado por la Gran Carta de Majestad (1609).

Aquellas libertades fueron pronto violadas por el príncipe Fernando de Styria, primo del ¡emperador Matías, gobernador de Bohemia y heredero presunto del Imperio.

Una violenta oposición religioso-nacional estalló en Bohemia.

Los jefes de los descontentos, penetrando un día en el castillo de Praga, empeñaron una disputa con los oficiales imperiales y, pasando de las palabras a los hechos, les arrojaron por la ventana (1618).

Esta escena, conocida con el nombre de de la defenestración de Praga, fue la señal de la guerra.

Además de Alemania, entraron en la lucha otras potencias: España, Dinamarca, Suecia y Francia.

Divídese, por tanto, la Guerra de los Treinta Años en cuatro períodos: bohemo o palatino, danés, sueco y francés.

Período palatino

Los bohemos sublevados marcharon sobre Viena.

Muerto el emperador Matías (1619), fue elegido Fernando de Styria con el nombre de Fernando II; pero los bohemos, en guerra contra Austria, ofrecieron la corona de su país al elector palatino Federico V, que se había hecho calvinista, y que, por ambición, aceptó el ofrecimiento, siendo coronado en Praga.

El emperador, deseando reducir al rebelde vasallo, pidió ayuda al rey de España (Felipe III), que tomó resueltamente partido por el emperador católico.

Los príncipes protestantes, viendo su causa amenazada, apoyaron al elector.

Las fuerzas de ambos contendientes consistían en mercenarios, mandados por aventureros análogos a los condottieri italianos.

El jefe de las tropas del partido católico era Tilly, un belga, y el de las protestantes, Ernesto de Mansfeld.

La batalla de la Montaña blanca, cerca de Praga, dio Bohemia al emperador.

Las represalias fueron terribles.

Perdió Bohemia sus privilegios, y los adversarios de Austria fueron desposeídos de sus bienes.

Continuó la guerra en el Palatinado.

Héroe de aquella campaña fue el ilustre capitán Ambrosio de Spínola, que dió a los imperiales los territorios de Federico V, el cual fue privado de su dignidad electoral y vio sus estados repartidos entre España y Baviera.

Período danés

Wallenstein, sus notables condiciones de guerrero, le convirtieron en el mejor conductor de tropas durante la guerra de los treinta años

Wallenstein, sus notables condiciones de guerrero, le convirtieron en el mejor conductor de tropas durante la guerra de los treinta años

El emperador aprovechó su triunfo para someter a los príncipes y ciudades protestantes, que habían usurpado los bienes eclesiásticos.

Los soldados de Tilly fueron enviados de guarnición a las ciudades de la baja Sajonia (norte de Alemania, entre el Weser y el Elba).

Los alemanes, a merced del vencedor, temblaban por sus libertades y por sus adquisiciones.

Entonces el rey de Dinamarca, Cristián IV, príncipe ambicioso, a quienlá posesión del territorio llamado Sleswig- Holstein hacía miembro del imperio, deseando extender su reino, voló en auxilio de los protestantes.

Tal fue el comienzo del segundo período de la guerra, llamado período danés (1626-1628).

Waldstein

guerra-30-anos-mapa

Extendíase la guerra cuando el emperador recibió un poderoso refuerzo.

Un noble bohemo, llamado Alberto Waldstein o Wallenstein, propuso a Fernando alistar y sostener a sus expensas un ejército de cincuenta mil hombres, a condición de ser él el único jefe y recibir los países que conquistara, a título de indemnización.

Waldstein no era un vulgar aventurero.

Nacido en 1583, de familia regularmente acomodada, educado por los jesuitas, se había distinguido en la guerra contra los turcos y en la de Bohemia.

Enriquecido con la compra de bienes confiscados a los bohemos rebeldes, adquirió el señorío de Friedland, en el norte de Bohemia, con el título de duque.

De carácter sombrío y melancólico, inquieto y soñador, creíase llamado a los más altos destinos.

Aceptado el ofrecimiento por el emperador, dióle Waldstein un ejército propio, independiente del de la Liga católica.

Las bandas

En aquel tiempo los ejércitos nacionales no existían aún. Eran tropas mercenarias.

La guerra era un negocio emprendido por jefes, como Waldstein, Tilly, Mansfeld, etc.

El alistamiento hacías e por medio de pregones.

Cuando se trataba de un caudillo famoso, garantía de buen sueldo y promesa de rico botín, la multitud se apresuraba a engancharse bajo su bandera.

Aventureros, segundones, burgueses arruinados, campesinos hambrientos, frailes exclaustrados, toda la escoria social sin distinción de clases, oficios, nacionalidad, religión, ni procedencia.

El mayor beneficio que sacaban de la guerra era el pillaje.

Católicos y protestantes, alistados indistintamente en el ejército de la Liga católica o de la Unión evangélica, vivían a costa del país ocupado, imponiendo contribuciones arbitrarias, despojando al comerciante y al agricultor pacíficos.

A la zaga de aquellas feroces bandas iba una enorme nube de bagajes, criados, mercaderes, rameras y ladrones.

Su presencia en una comarca equivalía a la ruina, el hambre, la peste, la desolación.

Durante la Guerra de los Treinta Años fue Alemania un vasto campamento, viviendo a costa de la población civil.

Waldstein, por su prestigio y por las amplias facultades concedidas a sus tropas, pudo fácilmente reunir el ejército prometido al emperador.

Derrota de Dinamarca: edicto de Restitución

Dos batallas dieron la victoria a los imperiales. Waldstein derrotó a Ernesto de Mansfeld en Dessau, y Tilly al rey de Dinamarca en Lutter.

Cristián IV, amenazado del despojo de su territorio, firmó con el emperador la paz de Lubeck.

Esto no obstante, Waldstein continuó sus fechorías, apoderándose del norte de Alemania, confiscando ducados y principados, diciendo altaneramente que había llegado la hora de reducir los electores del imperio a la condición de simples «grandes de España» y los obispos a la de capellanes del emperador.

Finalmente, Fernando promulgó en 1629 el edicto de Restitución, disponiendo que todos los bienes eclesiásticos usurpados desde la paz de Aubsburgo (1555) fueran restituidos a la Iglesia católica.

El ejército de Waldstein quedaba encargado de hacer cumplir aquel edicto, que no sólo atentaba a la constitución del imperio, sino que era una amenaza para la seguridad de Europa, consagrando el poderío de la casa de Austria.

El rey de Suecia, Gustavo Adolfo, intervino entonces, comenzando un nuevo período de guerra: el período sueco (1630-1635).

Período sueco

Gustavo Adolfo descendía de Gustavo Wasa, que en el siglo XVI había emancipado Suecia de la dominación de Dinamarca, fundando una dinastía y adoptando el protestantismo.

Gustavo Adolfo había engrandecido su reino conquistando una parte del litoral oriental del Báltico.

Las causas que le indujeron a mezclarse en los asuntos de Alemania fueron los temores que le inspiraban las conquistas de Waldstein en el litoral alemán del Báltico, su ambición de apropiarse la Pomerania, y, finalmente, sus convicciones religiosas profundamente luteranas.

Estimulado y apoyado por Richelieu, ministro del rey de Francia, enemigo del engrandecimiento de los Habsburgo, Gustavo Adolfo desembarcó en Pomerania en 1630.

Su ejército, inferior en número a las tropas imperiales, les superaba en calidad, organización y disciplina.

Los suecos, bien equipados, disponiendo de excelente artillería, iban dirigidos por uno de los mejores tácticos de la época, pues Gustavo Adolfo fue, con Spínola y Mauricio de Nassau, uno de los fundadores del arte de la guerra en el siglo XVII.

Los príncipes alemanes, atemorizados del poderío alcanza.

do por Waldstein, habían exigido del emperador, en la Dieta de Ratisbona (1630), la separación del temible bohemo, que se retiró a sus tierras.

Gustavo Adolfo permaneció durante un año en Alemania del Norte, ocupando la Pomerania y varias plazas fuertes como base de operaciones, a la vez que negociaba con los electores de Sajonia y Brandeburgo, obligándoles al fin a reunírsele.

Entretanto Tilly se apoderaba de Magdeburgo, ciudad que saqueó atrozmente; pero, en septiembre de 163l, Gustavo Adolfo entró en Sajonia, derrotando a aquel caudillo cerca de Leipzig, y al año siguiente se apoderaba de Munich, tras nueva victoria alcanzada sobre las tropas de Tilly, que murió a consecuencia de sus heridas.

Fernando II, amenazado en sus propios estados, no halló mas recurso que llamar de nuevo a Waldstein.

El orgullo bohemo consintió en reclutar un nuevo ejército.

Después de algunos meses de expectativa, las bandas de Waldstein y el aguerrido ejército sueco trabaron la gran batalla de Lutzen (noviembre de 1632), en la que los imperiales fueron derrotados; pero que costó la vida al rey de Suecia.

Gustavo Adolfo dejó en el trono a su hija Cristina, menor de edad.

Sin embargo, se prosiguió la guerra, dirigiendo las tropas protestantes el duque Bernardo de Sajonia-Weymar, príncipe alemán que había militado en el ejército de Gustavo Adolfo.

Aunque alcanzaron los suecos algunas ventajas, fueron derrotados en 1634 en la batalla de Nordlingen, por la infantería española, mandada por el cardenal-infante don Fernando, hermano de Felipe IV, rey de España.

Estos triunfos devolvieron la preponderancia al emperador, quien, no muy seguro de la conducta de Waldstein, al que los suecos hacían proposiciones de alianza, ofreciéndole la corona de Bohemia, le hizo asesinar.

La intervención de Suecia (apoyada por Francia) en el conflicto había trocado aquella guerra, religiosa y alemana, en una guerra política.

Este carácter se acentuó más aún a partir del año 1635, en que Francia, fortalecida con alianzas ofensivas y defensivas con holandeses, suizos, italianos (los duques de Saboya, Parma y Mantua) y los protestantes alemanes, entró en acción resueltamente.

Período francés

Cardenal_Richelieu

Cardenal_Richelieu

En 1624 Francia se hallaba dirigida por el cardenal Richelieu, uno de los más grandes políticos de la época, gobernante profundamente hostil a la casa de Austria.

Su política exterior iba encaminada a quebrantar el poder de los Habsburgo alemanes y españoles, y evitar su unión.

Con este fin movió guerras a España: la guerra de la Valtelina (1624-1626) y la motivada por la sucesión del ducado de Mantua (1627-1630).

La derrota de los sucesos de Nordlíngen le hizo activar sus negociaciones con los enemigos de la casa de Austria (los príncipes alemanes, las Provincias Unidas, los suizos, los duques de Parma y Mantua, etc.).

En 1635 declaró de nuevo la guerra al rey de España (Felipe IV), y al año siguiente al emperador.

La lucha tuvo, pues, un campo tan vasto como variado: Alemania, Italia, los Países Bajos y la frontera hispanofrancesa.

Después de múltiples alternativas la victoria definitiva quedó por Richelieu, que se hizo dueño del Artois, y por los suecos, que dominaron el norte de Alemania.

El ministro francés murió en 1642; pero su sucesor, Mazarino, continuó política.

En 1643 el príncipe de Condé derrotó al ejército español en Rocroy, batalla que fue el golpe de gracia al prestigio de nuestras tropas, no obstante el heroísmo con que se batieron.

Unido esto a los continuos triunfos de los aliados de Francia, y a los trabajos que desde 1643 venían haciendo los diplomáticos en busca de una solución para acabar la guerra la conclusión de la paz fue recibida con júbilo en Alemania.

Paz de Westfalia

guerra-30-anos-paz-de-westfalia-y-los-pirineos

La Guerra de los Treinta Años terminó con la paz de Westfalia, congreso europeo en el cual estuvieron representados el emperador y los príncipes de Alemania, los reyes de España, Francia, Suecia y Dinamarca: las Provincias Unidas de Holanda, la república de Venecia y el papa.

Los tratados fueron firmados simultáneamente, el 24 de octubre de 1648, en las ciudades de Osnabruck, donde se había discutido la cuestión religiosa, y Munster, en la que se debatieron los asuntos políticos.

Las cláusulas de los tratados de Westfalia se hicieron extensivas a tres cuestiones: lª, al estado religioso de Alemania; 2ª, a su situación política, y 3ª, a la paz europea.

Estado religioso de Alemania

Subsistió la reserva eclesiástica, pero fueron reconocidos y consagrados los derechos de los protestantes, haciéndose extensivos a los calvinistas, manteniéndose como válidas las secularizaciones anteriores a 1624.

En lo sucesivo el alto tribunal de justicia del Imperio quedaría constituído con igual número de jueces protestantes que católicos.

Situación política de Alemania

Alemania continuó siendo una federación de Estados bajo la soberanía del Emperador.

Concedíase la libertad religiosa a los príncipes de cada Estado; pero no a sus súbditos, quienes venían obligados a profesar la religión oficial: cujus regio ejus religio; pero príncipes y ciudades adquirían mayor poder político, es decir, los derechos llamados de regalía (impuestos, moneda, ejército, derecho de paz o de guerra, alianzas, etc.) y los asuntos comunes pasaban a poder de la Dieta, quedando el emperador reducido a ordenar el cumplimiento de sus decisiones.

Paz europea

Quedó reconocida la independencia de las Provincias Unidas de Holanda.y la de los Cantones Suizos, Francia adquirió Metz, Toul y Verdun, parte de Alsacia y – de hecho – el dominio del Artois.

Suecia adquirió la Pomerania y algunas islas y plazas del Báltico.

Los príncipes alemanes protestantes, aliados de Francia y Suecia, recibieron compensaciones, y algunos de ellos, como el elector de Brandeburgo (Federico Guillermo), adquisiciones territoriales importantes, origen del futuro reino de Prusia.

La paz no contentó a nadie.

Los católicos, quejosos de la pérdida de los bienes de la Iglesia; los protestantes, irritados por el mantenimiento de la reserva eclesiástica, que no les permitía adquirir nuevos bienes.

El papa protestó contra la usurpación de los bienes eclesiásticos, primera y principal causa de la guerra, y declaró nulo el tratado.

La cuestión religiosa era en realidad secundaria, puesto que no fue más que el medio de que se sirvieron los beligerantes para atraerse aliados.

Ninguno de los adversarios batallaba por la libertad de conciencia, pues todos pretendían imponer su religión; pero la imposibilidad de conseguirlo determinó cierta tolerancia, extensiva únicamente a los príncipes y a las tres religiones: católicos, luteranos y calvinistas.

El resultado capital de la guerra fue político, a saber: la derrota del imperialismo austriaco, en provecho del espíritu particularista de los príncipes alemanes y de la hegemonía de Francia en Europa.

Alemania, presa durante treinta años de una soldadesca desenfrenada, perdió dos tercios de su población y no pudo reponerse de sus desastres hasta mucho tiempo después.

guerra-treinta-años

Fuente: http://www.thecult.es/Historia/historia-de-la-guerra-de-los-treinta-anos-1618-1648.html

¡Click aquí para regresar a la página de inicio del blog!

Anuncios