Gustavo III de Suecia – rey de 1771 a 1792

Gustavo III de Suecia, por Alexander Roslin, 1772.

Gustavo III de Suecia, por Alexander Roslin, 1772.


Gustavo III de Suecia vino al mundo un 24 de enero de 1748 en Estocolmo. Se convirtió en rey el 12 de febrero de 1771 y el 19 de agosto de 1772 dio el Golpe de Estado absolutista que puso fin a la llamada Edad de la Libertad (desde 1712). Ésta se había fundado en el parlamentarismo, siendo los dos partidos políticos mayoritarios el llamado “de los Sombreros” (en referencia al tipo tricorne que usaban los militares, que miraban a Rusia con desconfianza) y el “de los Gorros” (por oposición a los primeros, de posturas más pacifistas).

El reinado de Gustavo III se caracterizó por algunas reformas del estamento militar y tendentes a la liberalización del mercado, pero sobre todo por la guerra con Rusia, iniciada en 1787, ante lo que se consideraba un excesivo intervencionismo ruso. El monarca sueco llegó a albergar la esperanza de conquistar San Petersburgo, pero la alianza de Rusia con Dinamarca y Finlandia inclinó definitivamente la balanza, en contra del sueco. En 1790, se firmó la Paz por el Tratado de Värralä, que al menos significó el final de las injerencias rusas en la política sueca.

El continuo sangrado de las arcas públicas se vio aún más incrementado por los gastos bélicos. El descontento crecía entre los suecos. El florecimiento de la cultura nacional sueca promovido por el rey no aplacó a la oposición más radical. La noche del 16 de marzo de 1792, la Ópera de Estocolmo se convirtió en el escenario de la muerte de Gustavo III, asesinado por Jacob Johan Anckarström de un tiro a bocajarro por la espalda.

1792: Asesinato de Gustavo III de Suecia

El 16 de marzo de 1792, Gustavo III fue mortalmente herido en el teatro real de Estocolmo, lo que era una ironía pues en otro teatro en 1771, se enteró de que se había convertido en rey de Suecia al fallecer su padre, Adolfo-Federico I.

Retrato oficial del rey Gustavo III de Suecia (1746-1792). Cuatro años antes del fatídico atentado, el monarca fue advertido por una conocida medium, Ulrika Arfvidsson, de su muerte…

Acababa justo de llevar a cabo con éxito el último de sus “golpes de Estado”. Sin recursos, había convocado la Dieta, pero lejos de Estocolmo, en Geflé (o Gälve), sobre el golfo de Botnia que, incomunicada y fuertemente armada, había parecido durante un mes entero una fortaleza asediada. Con un frío terrible, dentro de una estancia de madera cuyo único ornamento decorativo era una tapicería de los Gobelinos, regalo de Luis XV y que representaba “las Locuras de Don Quijote”, el rey comediante había representado su último éxito. Obtuvo los créditos necesarios para su desembarco, pero por los pelos. La tensión había sido extrema, y Gustavo III triunfó al deshacerse de los nobles con todo tipo de artimañas. Aprovechando su alianza con el partido burgués y el de los campesinos, que le dieron el apoyo necesario para que la Dieta aprobara sus planes, acabó por atraerse la enemistad de la aristocracia sueca. Poco después de que disolviera el Riksdag (parlamento), muchos nobles dimitieron de sus cargos en la corte, y ésta vino a ser muy aburrida cuando antaño era un hervidero de intrigas, pasiones, fastuosas fiestas y alegres mascaradas.

Estocolmo a finales del siglo XVIII: perspectiva sobre la Plaza del Teatro Real de la Opera y, al fondo, el Palacio Real, los dos últimos lugares en los que el rey Gustavo III vivió sus últimos días.

Retrato del Barón Jacob Johan Anckarström “el Joven” (1762-1792), un joven noble oficial de 29 años que se convirtió en el brazo ejecutor del regicidio urdido por un sector descontento de la alta nobleza sueca en 1792. Sus cómplices fueron el Conde de Horn, el Conde Ribbing y el Barón Pechlin…

Menos de 3 semanas después de la Dieta de Geflé, el rey era abatido de un pistoletazo, a manos de un aristócrata: el Barón Jacob Johan Anckarstroem… 

En todos los complots, casi siempre hay un traidor que advierte a los reyes que van a morir, y los reyes responden generalmente como lo hizo Gustavo III: 

-“¡Veamos si se atreverán!” 

Y se presentó en el teatro real de la ópera. Era un hombre bravo y digno. Jugó su último papel a la perfección, y hasta el final, ya que no sucumbió ante la gangrena hasta 12 días después del atentado. Cuando recibió el impacto de la bala, con gran sangre fría se puso a bromear con los que le atendían. Y cuando lo llevaron en volandas hasta su carroza para llevarlo a palacio, exclamó divertido: 

-“¡Me llevan como al papa!¿Qué dirán los señores Brisson, Condorcet y Bazire de mi accidente?¡Qué buenos discursos tendremos que oír!” 

Este personaje excéntrico, afeminado hasta el límite del ridículo, mostró de manera constante el mayor de los genios, el mejor y más grande carácter. Rehusó leer la lista de los conjurados y, viendo aparecer en su alcoba a la condesa de Fersen, al conde de Brahé y al barón de Geer, sus adversarios de siempre, para interesarse por su estado, dijo: 

-“Mi herida ha servido para algo, pues me ha devuelto mis amigos.” 

El conde de Fersen se presentó también en su alcoba, y el rey le habló de una manera tan afectuosa que la condesa se deshizo en lágrimas. Finalmente, torturado por violentos sufrimientos, tuvo la fuerza por preocuparse del futuro y asegurarlo. Pidió a su estimado conde Armfelt, al que nombraba gobernador de Estocolmo, su palabra de honor y de caballero de servir a su hijo y sucesor, el futuro Gustavo IV Adolfo de apenas 13 años de edad, tan bien como le había servido hasta ahora. Murió el 29 de marzo, a consecuencia de la infección galopante derivada del disparo recibido en aquél baile de máscaras.

Máscara mortuoria de Gustavo III de Suecia, moldeada sobre su cadáver al poco de fallecer / Abajo, los objetos requisados al asesino en el momento de su detención en el lugar de los hechos: una máscara, dos pistolas, un puñal, un estilete y unas balas.

Este soberano tantas veces criticado, autoritario hasta parecer a veces tiránico, ridiculamente afeminado hasta sonrojar a sus acompañantes, temido por sus cambios de humor, pero también ardiente, apasionado, culto, genial, patriota, noble y fiel, se llevaba consigo el esplendor de una era, … la Era Gustaviana.

Para saber más:

http://www.artehistoria.jcyl.es/v2/contextos/2139.htm

Fuentes: http://retratosdelahistoria.blogspot.com.es/2011/10/1792-asesinato-de-gustavo-iii-de-suecia.html

http://www.laaventuradelahistoria.es/2013/01/24/nace-gustavo-ii-de-suecia-el-absolutista-ilustrado.html

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